sábado, 21 de abril de 2012

Mis óperas favoritas: Julio César en Egipto.


El año 48 a.c. Pompeyo y Julio César entablaban en Farsalia (Grécia central) su última gran batalla por obtener el mando del imperio romano. El viejo general, que contaba con un ejército con muchos más efectivos y encadenaba varias batallas vencidas, se confió en exceso y sufrió una derrota humillante de la que ya no se recuperaría. Desesperado, huyó de Julio y Antonio y, poniendo tierra de por medio, se embarcó hasta África, llegando hasta las soleadas costas de Egipto, estado vasallo de Roma, con la esperanza de aliarse con las tropas romanas apostadas en tierras africanas.
Fue recibido por una delegación del rey Egipcio Ptolomeo XII, descendiente del Ptolomeo que conquistara Pérsia al lado de Alejandro Magno, sólo se le parecía en el nombre, por lo demás, parece que era un degenerado medio imbécil que, conocedor de la derrota sufrida en Farsalia, hizo ejecutar a Pompeyo nada más desembarcar para después entregar la cabeza cortada a César, que le venía pisando los talones.
El nuevo emperador se horrorizó ante el “regalo” de su vasallo y, al reunirse con él, descubrió que su hermana, la famosa Cleopatra, permanecía recluida por Ptolomeo que no estaba dispuesto a compartir el poder con ella. César, tras un juego de intrigas, intentó que los hermanos se reconciliasen, pero, cuando parecía que la situación estaba controlada, la ciudad de sublevó y César tuvo que luchar al lado de sus hombres para salvar la vida. En esta confrontación ardieron las embarcaciones romanas y el fuego se propagó por la ciudad quemando la conocida biblioteca de Alejandría.
Los romanos huyeron a nado hasta una pequeña isla en la que se hicieron fuertes esperando la llegada de tropas de refuerzo con las que pudieron aplastar la sublevación general. Tras el fuego y el humo Alejandría respiraba  nuevos  aires más pacíficos, sin el cruel Ptolomeo, que desapareció misteriosamente entre la turba, y con el mando único de Cleopatra, que concibió un hijo de César.

Este magnífico episodio de la historia, en el que tantos eventos que han pasado a la posteridad se vivieron en un breve intervalo de tiempo, debió inspirar a Haendel que decidió que una de sus operas desarrollara este lance histórico. La historia se centra en la relación que mantuvieron César, Cleopatra, Ptolomeo y la viuda de Pompeyo con el trasfondo de una Alejandría revuelta.

Es una ópera idónea para iniciarse en este género musical: la historia no cansa, al contrario, es fascinante  y las arias, todas ellas de gran nivel, atraen desde la primera escucha.
Dividida en tres actos y estrenada en 1727, se convirtió en un gran éxito, para, a la muerte de Haendel, desparecer durante más de un siglo y ser rescatada del olvido ya en el siglo XX, en el que ha sido interpretada por los mejores contratenores de nuestro tiempo. No os la perdáis, vale la pena.

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