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domingo, 11 de marzo de 2012

Mis óperas favoritas: Lohengrin.

Esta ópera de Richard Wagner fue la primera a la que presté atención y hoy en día , tras haberme adentrado en distintas óperas,sigue siendo mi favorita.
Hace unos años, mientras conducía hacia el trabajo, iba escuchando distraidamente RNE clásica cuando una melodía llamó mi atención. Era la introducción de la ópera Lohengrin, obra de Wagner estrenada en 1850. De hecho, me gustó tanto que apunté aquel extraño nombre en un pedazo de papel y una vez de vuelta a casa lo introduje en el Google.
Lohengrin, caballero custodio del Santo Grial, hijo de Parsifal. Esto ya me sonaba un poco, Parsifal era uno de los caballeros de la mesa redonda del rey Arturo y, una vez disuelta esta, encontró el Grial y formó una guardia para custodiarlo. Esto aprendí sobre el personaje, pero luego, al leer el libreto de la ópera, me enganché con la historia que narraba: en la edad media, el rey de Germania recorre su país reclutando tropas para su ejército, que se dispone a luchar contra el enemigo Húngaro. Cuando llega a Brabante, se entera de que la población está enfrentada en dos bandos que se disputan el poder.El caso es que a la muerte del conde, su hijo y heredero, el pequeño Gottfried, fue dejado a manos de un noble llamado Telramund hasta que alcanzara la mayoría de edad, pero un día en que el pequeño príncipe salió a pasear por el bosque junto a su hermana Elsa, desapareció sin dejar rastro y sin que Elsa pudiera dar ninguna explicación coherente sobre el incidente.
Telramund señaló a Elsa como responsable y causante de la desaparición de su hermano pequeño y reclamaba que esta fuera juzgada y castigada. Tras esto el reino pasaría a ser regentado por el mismo Telramund.
El rey Henry, tras escuchar a los dos bandos, no sabía que decisión tomar: era consciente de que Gottfried se movía impulsado por sus ansias de poder pero Elsa no era capaz de defenderse de una manera razonable.
Finalmente el asunto se puso en manos de Dios: se celebraría un duelo a muerte entre Gottfried y un voluntario que luchara por Elsa, Dios daría mayor vigor al brazo del justo y así el asunto quedaría zanjado. Pero nadie se atrevía a enfrentarse a Gottfried y así, cuando estaba a punto de acabar el tiempo de espera para que acudiese un defensor de Elsa, de la oscuridad del río apareció un gran cisne tirando de una barca en la que, un caballero perfectamente armado, se dejaba llevar por las oscuras aguas. Era Lohengrin, que ante el asombro de todos, defendió a la muchacha y venció al malvado Gottfried.
Después de esto, empecé a ver vídeos del primer acto hasta acabar viendo la ópera entera, siempre descubriendo piezas fascinantes y sobrecogedoras.
Lo que yo tengo claro es que la ópera es un género de música que primero hay que conocer para después poder amarlo. Si se intenta entrar de golpe se fracasa. Yo recomiendo lo siguiente: escojan una ópera por la que sientan alguna curiosidad o que al menos les suene un poco, busquen una sinopsis del argumento y leanla detenidamente, interésense por el compositor, por el año de estreno, vamos, ponganse un poco en situación y sepan qué están escuchando. Despues de esto, busquen en Youtube fragmentos de la opera, es decir, Arias, o bien introducciones, escuchen tantas como quieran y repitan las que más les gusten.Ahora intenten ver el primer acto entero , a ser posible con subtítulos, y a partir de aquí...a disfrutar.
http://www.youtube.com/watch?v=LMtRof9qJG8

jueves, 13 de octubre de 2011

El Rey Loco

Luis II de Baviera, rey de Prusia, rey depuesto por las intrigas de su familia: incapaz de gobernar, se le diagnosticó esquizofrenia paranoide, para sus súbditos, el rey loco.
Su juventud marcó claramente el rumbo que iba a seguir su vida: un desequilibrio entre una más que estricta educación y por otro lado un niño al que se le concedían todos sus caprichos por absurdos que fueran.
Subió al trono muy joven: tan solo con dieciocho años. Vivía rodeado de una pandilla de políticos intrigantes y por una familia sin escrúpulos, con Europa sumida en pequeñas guerras,pero a él nada de eso le importaba. Hubiese querido ser un príncipe azul, un Lohengrin, un Tristan, y vivir su mundo de fantasía metido en el fabuloso castillo que se hizo construir.
Aparte de esto, solo estaba interesado en la música de Wagner: a los dieciocho años presenció su primera ópera, el Lohengrin de Wagner, y desde ese día su vida quedó íntimamente ligada a las obras del compositor alemán. Acudía a tantas representaciones como podía, muchas veces de incógnito, desplazándose en un tren exclusivo para sus llevar a cabo sus caprichos.
En las funciones de Wagner siempre había un palco reservado para el rey que, siempre que podía ,utilizaba de forma anónima . Era como más disfrutaba, en la oscuridad de su palco, lejos de las miradas del público, que ni en broma se imaginaba que su rey estaba entre ellos, se perdía en la música evocadora de Wagner, se encontraba a sí mismo entre aquellos héroes de leyenda que cantaban sus aventuras.
Fuera del teatro la vida era otra cosa: incapaz de comportarse como se esperaría de un monarca, cada vez se alzaban más voces clamando su destitución. Así, el vulgo no tardó en apodarle como "el rey loco", y finalmente se le diagnosticó esquizofrenia , cosa que le obligó a dimitir entrando en una depresión de la que no iba a salir.
Wagner falleció en 1883, sumiendo a Luis II en una depresión más profunda todavía. Los médicos reales, temiendo que intentara suicidarse, optaron por buscarle un retiro en la tranquila campiña de Prusia, cerca del lago Stanberg.
Una tarde, Luis pidió a su médico permiso para pasear alrededor del lago, y el médico, confiado por la mejoría que su paciente había experimentado desde su estancia en esos parajes, accedió, dando órdenes a los guardas para que les dejaran solos a los dos aquella tarde.
Ya no volvieron a verlos vivos. Los encontraron flotando en medio del lago.